Fachadas, muros, apariencias, falsas sensaciones, de estas y de más cosas se encuentra rodeado el ser humano. Toda persona recubre su interior o se protege del exterior con alguna de estas cosas con el único de fin de sobrevivir, de vivir la vida de la forma más apacible posible, alejando de él todos los males y perjuicios. A lo largo de la historia, el hombre ha ido perdiendo su inocencia, su sinceridad, y este cambio no es más que una consecuencia de todo lo que acontece a su alrededor.
Cuando el hombre ve que la manipulación y el engaño se encuentran a la orden del día, que son herramientas habituales del día a día, no le queda otra salida que adaptar la misma postura para avanzar. Y esta manipulación se da tanto en el interior del hombre como en el exterior, el ser humano manipula todo lo que quiere reflejar, y si es avispado, listo o pícaro puede manipular a su gusto la percepción que las personas tiene de él, y eso aunque complejo es sumamente útil.
La utilidad de este acto se encuentra en sí mismo, como ya he dicho antes todos construimos un muro tras el cual escondemos nuestra realidad, todo aquello que nos hace débiles, por lo cual, si fuésemos mostrando nuestro interior a todo aquel que nos lo pidiese, acabaríamos simplemente destruidos, pisoteados por todos, ninguneados y manipulados, alienados de nuestra propia esencia. Por lo que esto se convierte en una herramienta necesaria por la sociedad, para mantener la calma, donde los débiles y temerosos carecen de lugar.
La sociedad inmensamente necesaria, pero altamente perjudicial. Los prejuicios que han ido heredando generaciones tras generaciones y que la gran mayoría carecen de lugar en la actualidad, la sociedad evoluciona y con ella deberían evolucionar sus prejuicios. Pero como esto no sucede, muchos son los que se aprovechan de esta circunstancia, y lo hacen al igual que un abogado lo hace de un vacío legal, sacándole el máximo provecho posible. Hace siglos, cada elemento de la sociedad tenía su propia función, la cual no podía infligir, debía dedicarse únicamente a su función preestablecida; pero hoy en día, no se puede creer en que cada persona tenga un papel, unos deberes y una forma de actuar determinada en ciertas situaciones, la libertad es la máxima expresión de la complejidad del ser humano.
El desarrollo de los sucesos que se dan a lo largo de nuestra vida, desde nuestro nacimiento hasta el ínfimo momento en el que nuestro corazón se para, son los que determinan nuestra forma de ser, nuestra forma de actuar, son los culpables de la forma en la que afrontamos ciertas situaciones. Conforman nuestro pasado, son nuestro presente y nos ayudaran a afrontar el futuro, ¿ intentar evitar el pasado? No he escuchado jamás expresión más absurda por su contenido, lo que hicimos nos perseguirá, es imposible de evadir, y por ello aunque inconscientemente influyen en las decisiones del presente. Puede que el a ver visto una gacela correr por una pradera, ver llover tumbado en medio de una descampado sintiendo cada gota en tu rostro fundiéndote en uno con la naturaleza, todo este tipo de estos por ridículos que parezcan influyen en mayor o en menor medida.
Cada ser humano es un mundo, un universo completo, admirable por su complejidad, despreciable por sus actos y adorable por su aparente bondad, y por ello único e inalterable, cada ser es como la naturaleza y sus circunstancias han determinado que es. Por esto sería imposible conocer a un ser humano, si antes no se conocen ni se entienden sus circunstancias, es ese pasado lo que determina su presente. He aquí la importancia de la circunstancia, aparentemente efímera pero imprescindible, sin ella perderíamos nuestra razón de ser, sin ella el ser humano queda sin rumbo definido.
Los deberes predeterminados no existen, no se puede pretender juzgar al que no los sigue, solamente existen unos deberes y son aquellos que adquirimos con la sociedad, que son cambiantes, difusos e inalterables, cada época tiene sus deberes sociales aplicables a todos sus componentes; fuera de estos deberes no se puede pretender imponer una postura o prejuicio al resto de personas. Los tiempos cambian, y con ello las personas e inevitablemente la sociedad.
Yo solo tengo un deber fuera de los sociales, bastante simple, cumplir mis sueños; desechando todo aquello que me impida su correcta consecución.
No intentemos ni aparentemos ser aquello que realmente no somos, la naturaleza y nuestra circunstancia nos pulen, dándonos una forma determinada y los años nos liman, de tal manera que evadir esto intentando ser aquello que no somos no sería más que renegar de nosotros mismos. Abandonar nuestra propia razón de ser, lo único verdaderamente nuestro que poseemos, aquello que nadie jamás podrá arrebatarnos.