Para
siempre, siempre fue demasiado tiempo. Y de tiempo es de lo que realmente
andamos escasos, huye, se nos escapa para jamás volver. Pasado el ayer solo
queda el mañana, y el mañana es tan incierto e impredecible que asusta e
intimida, es el veneno de la cordura, lentamente destruye el deseo y la
ambición. Una vez muerta la ambición arde el alma, y con ella la vida, dejamos
de existir para ser polvo y cenizas que fluyen por el mundo, arrastradas por el
viento, viviendo en inmensas colinas, muriendo en el fondo de los mares.
El tiempo corre, apenas nos da tiempo a apreciarlo, es
efímero como la vida misma, cúmulo de recuerdos que forman un tu o un yo o un
aquel, pero cada cual forja su vida a partir de recuerdos, porque al morir no
quedara lo que tenemos, lo material desaparecerá, y en ese instante, nuestra
única coraza ante la llegada implacable de la muerte serán los recuerdos, lo
vivido y amado, lo que nos hizo ser un pocos más grandes, lo que nos diferencia
y nos hace especiales, lo que indudablemente nos hizo feliz durante efímeros
segundos que corren cautivos.
La vida fluye por cada poro, el corazón suda palabras y el alma destila sensaciones, somos un torrente de sensaciones cuyo principio y fin son desconocidos.
Margen
de error, algo más de cordura entre tanta locura, menos impaciencia, falta
tiempo para conocerse, para juzgarse, vivimos inmersos en un tremendo bullicio,
rápido y fugaz, como la vida misma. Cerrando los ojos, se apaga el universo,
cerrando los ojos, uno se aísla y siente, ¿por eso cerramos los ojos al besar?
Sin ser nada, fuimos casualidad y azar de vez en cuando, ilusión y sonrisas arrancadas, miradas perdidas encontrándose, una mera ilusión, efímera y dulce, como el ligero matiz rojo de sus mejillas ante su mirada, delicada como su sonrisa, suave como el aire.
Sin ser nada, fuimos casualidad y azar de vez en cuando, ilusión y sonrisas arrancadas, miradas perdidas encontrándose, una mera ilusión, efímera y dulce, como el ligero matiz rojo de sus mejillas ante su mirada, delicada como su sonrisa, suave como el aire.
Nunca
me fie de las sonrisas, ni de las ebrias palabras adornadas de lujuria y deseo,
siempre fui más de actos, de miradas inconscientes y sinceras que desvelan toda
su vida, de besos arrancados de lo más profundo del alma, de mordiscos que se
llevan pequeñas partes de vida, de abrazos que funden corazas y unen mundos, al
fin y al cabo, siempre fui de engañar con la sonrisa para conquistar con la
mirada.
Fugaces como las estrellas, así somos.
