Fuiste de esas
cosas que desde un principio sabes que te van a complicar la vida, de esas
cosas que desde el primer beso sabes que solo hay dos posibles finales, o es
desastrosamente horrible, o desastrosamente bonito, tan bonito que se te eriza
la piel solo de recordarlo. Pero no nos
dimos cuenta de que yo ya era un desastre de por sí, que tenía el aviso de
derribo colgado del cuello, que mi corazón latía intensamente porque no sabía
hacerlo de otra manera, que era intenso, muy intenso, porque siempre entendí la
vida así.
Me vacié, colmé
las últimas gotas que me sobraron en la última mirada en la que me perdí, la
última caricia que me elevó lejos, tan lejos que me faltaba el oxígeno, y caí,
vaya si caí, y desorientado llegué a tu esquina. Como buen moribundo solo
buscaba un salvavidas al que aferrarse, una última esperanza, una última
estrella fugaz. Y apareciste tú, apareció tu sonrisa.
Mi intensidad
arraso con todo, a ciegas, todo a una carta, un todo o nada, cegado acabe en
tus brazos, colgando de ti. Mis dudas florecieron, como hacen cada primavera, y
tú no supiste quitar las malas hierbas que se acumulan en mi jardín, pero no te
culpo, son tantas que claro, a uno le da pereza, y más sin saber si lo que
habría merecería la pena, si sería tan bonito como prometía.
Fuimos
fantasmas en la oscuridad, y como buenos fantasmas nos deshicimos al amanecer,
nos desvanecimos entre la nada de lo que fuimos, si es que llegamos a ser.
Porque siempre fui yo, me vacié y todo fueron "tes", no hubo
"mes" ni "nos”, y quizás ahí estuvo el problema, que
"te" hice sonreír para colgarme de tu sonrisa, sin ver lo que quedaba
bajo mis pies, sin ver el suelo.
Así sin ni
siquiera existir nos esfumamos, ni ellos supieron de nosotros, ni tu supiste de
mí, y quizás eso sea lo más triste, que nos despidamos como dos desconocidos,
pero puede que nunca dejásemos de serlo.
Fue un todo al
rojo, y salió negro.
Siempre fui de vivir entre las nubes, nunca entendí la
vida de otra manera que no fuese vaciarme a cada segundo, porque llegó el
momento en el que decidí cambiar las incertidumbres por certezas.