Entre decisiones e indecisiones nos sumergimos en el mar de
la locura navegando en busca de la cordura. La vida no es más que un eterno caminar
por un sendero propio, un sendero labrado por nosotros mismos, marcando el
camino a cada paso, avanzando a cada zancada sin retroceder, sin mirar atrás.
Las decisiones marcan nuestro porvenir, nuestro futuro a todos los efectos, los
errores no tienen cabida, únicamente existen experiencias, nuevas sensaciones
que recorren cada uno de nuestros poros, exaltándonos la piel, haciéndonos perder
el norte. Únicamente la duda ante las bifurcaciones que se nos presentan pueden
frenar nuestro avance, calmar nuestras ganas de comernos el mundo, pero en
realidad no existen las bifurcaciones, existe un solo camino, el que van
construyendo nuestros pasos, porque nuestras decisiones forman un solo camino,
con toda sus consecuencias, con toda su inclemencia, con toda su belleza, con
todo lo bueno y lo malo, con todas las sonrisas, con todos los llantos. Pero jamás,
suceda lo que suceda, acontezca lo que acontezca, debemos rendirnos, debemos
permanecer incansables en la consecución de nuestro fin, persistir en esa lucha
encarnizada por lograr lo anhelado, sacando todas nuestras armas en la batalla,
tanto lo bueno como lo malo, sacar lo mejor y lo peor de nosotros para
alcanzarlo, conseguir rozar con la yema de los dedos ese cielo, nuestro cielo.
Por muy complicado que parezca el camino, jamás se debe de
abandonar, porque solo nosotros conocemos la dureza de lo andado, solo en el
interior de nuestros corazones esta la verdadera razón por la que seguimos
caminando bajo la lluvia, porque el corazón es una fuente inagotable de fuerzas
para cuando las cosas se complican, cuando todo parece sucumbir aparece un
pequeño haz de esperanza iluminando la oscuridad, animándonos a seguir. Por muy
enrevesado y serpenteante que parezca el camino siempre habrá un motivo para
continuar adelante solo hay que buscar en nuestro interior para encontrarlo. Que
todo surge a base de pequeñas chispas que incendian la vida. Dejémonos guiar
por el corazón y que nos ciegue la vida.
Porque tu mirada me guía y tu sonrisa es mi bandera.