Esa
capacidad de enamorarse de todo, esa
inocencia perdida que hace que nos sorprenda hasta la brisa al amanecer, perdemos
tanto inconscientemente, vamos dejando cosas atrás, cosas necesarias,
imprescindibles. Lo bonito que sería enamorarse cada día de algo distinto, de
esa mirada, de esa sonrisa, de ese gesto inconsciente, de esos andares, de esa
forma tan peculiar de mojarse los labios. Imagináis lo que sería levantarse
cada mañana con el deseo de volver a enamorarse de algo distinto, de volver a
descubrir un pequeño detalle que nos haga enloquecer, sería magnífico, pero no
lo llevamos a cabo, nos conformamos con lo conocido, no vamos mas allá,
perdemos ese interés por impresionar, que jamás deberíamos perder.
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