Azar, destino,
todas esas fuerzas que para unos lo gobiernan todo y que para otros no son
dueños absolutamente de nada. En medio de esa vorágine vivimos, entre cosas que
son todo sin serlo, entre cosas que son nada y son todo, entre personas que
toman las riendas de su vida y otras que la dejan en manos de fuerzas místicas,
todo se resume a todos y nadas, que significando todo y nada a la vez provocan
incendios en la vida que lo arrasan todo, desde tu sonrisa hasta mi ser.
Rodeados
de sumisos del destino vivimos, de personas sin vida, sin alma, todo ello
entregado a la nada más absoluta, de personas faltas de ambición, de ganas de
poder asumir las riendas de sus vidas, ¿pero para qué asumir las riendas de
nuestra vida? Cuando es más cómodo aguardar resultados sin más, cuando es más
fácil caminar sin rumbo, sin sentido, sin saber que se hace, únicamente esperando
resultados que nos lluevan de la nada como agua de Mayo, esperando que esa
sonrisa se pinte solo en nuestra cara, esperando que la felicidad supla a la
desdicha sin más. Porque vivir esperando cuando se puede vivir buscando,
amando, equivocándose uno, dando tumbos por la vida como trotamundos sin rumbo,
en esta vida no hay nada más bonito que vivir, y eso, solo se hace con el corazón
en la mano como única bandera.
No
podemos vivir pendientes de si eso moneda lanzada al aire caerá en cara o cruz,
no podemos vivir tirando monedas a fuentes esperando que se cumplan deseos
utópicos, porque la vida mas que esa moneda en realidad es esas gotas que salen
disparadas ante el impacto, inesperadas, impredecibles, refrescantes,
magnificas, preciosas y únicas.
No dejéis
jamás de luchar por los sueños, pelead hasta el fin, no permitáis que nadie os
ponga lo limites que no habéis sido capaces de poneos vosotros mismos, superad
todas las expectativas, anhelad y morid anhelando, desear y desfallecer
deseando, pero ante todo, vivid, nunca dejéis de vivir.

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