jueves, 4 de octubre de 2012

Apariencias y sensaciones,a eso se reduce todo.


Vivimos en un mundo plegado de apariencias, de palabras que se vuelan con el aire, de actos efímeros como el humo, de amores que duran un suspiro, de vidas llenas de ilusiones.
Todo se resume a meras sensaciones, todo aquello que vivimos o creemos vivir, todo lo que anhelamos pero se aleja de nuestro alcance, todos aquellos sueños que ayer iluminaron nuestra vida, hoy no son más que un reflejo de lo que fuimos, un reflejo de aquello por lo que luchamos, un reflejo de aquello en lo que nos dejamos parte de nuestro ser, parte de la vida.
Devoremos los imposibles mientras nos bebemos las penas, fundámonos las metas mientras la vida observa anonadada nuestro éxito, que el mundo observe perplejo lo que hemos alcanzado a base de pequeñas cosas, de un sufrido día a día, de gotas de sudor plasmadas en nuestra historia, de lagrimas vertidas por la providencia, de hilillos de sangre que brotan de un corazón muerto en esta vida.
Promesas clamadas al viento, gritadas a los cuatro vientos, haciendo al mundo cómplices de nuestra locura, y es que en eso se resume todo, en promesas, vanas promesas, que ilusionan, que son el principio de la decepción o de la alegría más absoluta. Pero de todo se aprende, caerse y levantarse, proseguir y avanzar, resurgir de entre las cenizas, rehacerse de ese incendio, que surgió de una inofensiva chispa.
Amo los imposibles, como tenerte en mi cama cada noche,  verte amanecer de pie, anhelando tu figura, tu respiración delicada, pausada,  rítmica, antagónica de esa que tenias anoche sobre mí, mientras nos amábamos, mientras me jurabas amor eterno, mientras entre gemidos me suplicabas amor eterno, proclamándole a los dioses la especialidad de todo esto, de todo lo único que nos rodea,que nos envuelve.

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