Se
consume el cigarro entre mis labios, viendo como poco a poco el fuego lo
consume, como la ceniza cae y el viento armoniosamente la arrastra, la hace
volar hasta que impacta contra el suelo, desmigajándose en pequeños trozos de
ceniza, cada uno más pequeño que otro; viendo como el humo que desprende mi boca se esfuma, como parte de mi
alma se confunde con el viento, ascendiendo a algo superior, cambiando poco a
poco, es que, todo corre y todo se olvida, como el tiempo entre mis
manos, todo se difumina.
Toda una vida es asimilable a un cigarro consumiéndose,
porque toda cambia y evoluciona, desde esa ceniza que esa quema, que se consume
hasta el humo que desaparece; porque la misma brisa que se lleva tu primera
bocanada de humo es distinta de la segunda, esas pequeñas parte de ti aparecerán
en lugares distintas e invadirán de tu esencia a personas radicalmente
distintas, personas que tu jamás conocerás pero que sin querer, sin saberlo
llevan una pequeña parte de ti dentro de sí mismos, y es que al fin y al cabo
todos llevamos un poco de toda la humanidad dentro de nosotros mismos, pero
llevamos más de esas personas que nos rodean, que respiran más tiempo a nuestro
alrededor, y que sin saberlo nos están invadiendo continuamente con su esencia.
Todo en el mundo está irremediablemente vinculado al
efecto mariposa, cuando una mariposa bate sus alas en Hong Kong y mueve una
pequeña mota polvo, ese gesto aparentemente banal puede cambiar el curso de los
hechos y por ejemplo, provocar una tormenta en Madrid. Todos los hechos en la
vida están relacionados, todos y cada uno de ellos sin excepción, hasta las
cosas más pequeñas pueden provocar grandes cambios. Este principio es aplicable
a todo en la vida, cada pequeño gesto que hagamos cambia consecuentemente el
rumbo de nuestra vida, todo lo que hagamos nos afecta a nosotros mismos y a los
que nos rodean, porque aunque ellos parezcan meros espectadores de nuestra
vida, aunque el protagonista se esmere en ocultar detalles evidentes, el mundo
en su inmensa sabiduría desvela todos los detalles ocultos, porque cuando el
fuego pasa, cuando el fuego arrasa no deja nada igual. Porque el fuego quema
desde esa pequeña mota de polvo hasta esa belleza de una frágil mariposa que
bate sus alas, quema desde esas hojas de un papel que un día fueron bellas
historias hasta los sueños de las personas, y una vez que el fuego ha arrasado
con todo volver a hacerlo todo crecer es difícil, porque donde ha pasado fuego
tardaran en crecer margaritas que luego deshojar con ilusiones, pero con ganas
y esfuerzo nada es imposible.
Siempre tenemos la sensación de ir por el camino
equivocado, aunque sea el correcto pensaremos que es el equivocado, pero es
mejor equivocarse que acertar, o que narices mejor acertar equivocándose. Y es
que cuando todos los días nos
parecen iguales es porque hemos dejado de percibir las cosas buenas que
aparecen en nuestras vidas cada vez que el sol atraviesa el cielo.

