martes, 20 de noviembre de 2012

El lenguaje de la vida siempre está dispuesto a enseñar lo que uno no ve.


Se consume el cigarro entre mis labios, viendo como poco a poco el fuego lo consume, como la ceniza cae y el viento armoniosamente la arrastra, la hace volar hasta que impacta contra el suelo, desmigajándose en pequeños trozos de ceniza, cada uno más pequeño que otro; viendo como el humo que desprende mi boca se esfuma, como parte de mi alma se confunde con el viento, ascendiendo a algo superior, cambiando poco a poco, es que, todo corre y todo se olvida, como el tiempo entre mis manos, todo se difumina.
Toda una vida es asimilable a un cigarro consumiéndose, porque toda cambia y evoluciona, desde esa ceniza que esa quema, que se consume hasta el humo que desaparece; porque la misma brisa que se lleva tu primera bocanada de humo es distinta de la segunda, esas pequeñas parte de ti aparecerán en lugares distintas e invadirán de tu esencia a personas radicalmente distintas, personas que tu jamás conocerás pero que sin querer, sin saberlo llevan una pequeña parte de ti dentro de sí mismos, y es que al fin y al cabo todos llevamos un poco de toda la humanidad dentro de nosotros mismos, pero llevamos más de esas personas que nos rodean, que respiran más tiempo a nuestro alrededor, y que sin saberlo nos están invadiendo continuamente con su esencia.
Todo en el mundo está irremediablemente vinculado al efecto mariposa, cuando una mariposa bate sus alas en Hong Kong y mueve una pequeña mota polvo, ese gesto aparentemente banal puede cambiar el curso de los hechos y por ejemplo, provocar una tormenta en Madrid. Todos los hechos en la vida están relacionados, todos y cada uno de ellos sin excepción, hasta las cosas más pequeñas pueden provocar grandes cambios. Este principio es aplicable a todo en la vida, cada pequeño gesto que hagamos cambia consecuentemente el rumbo de nuestra vida, todo lo que hagamos nos afecta a nosotros mismos y a los que nos rodean, porque aunque ellos parezcan meros espectadores de nuestra vida, aunque el protagonista se esmere en ocultar detalles evidentes, el mundo en su inmensa sabiduría desvela todos los detalles ocultos, porque cuando el fuego pasa, cuando el fuego arrasa no deja nada igual. Porque el fuego quema desde esa pequeña mota de polvo hasta esa belleza de una frágil mariposa que bate sus alas, quema desde esas hojas de un papel que un día fueron bellas historias hasta los sueños de las personas, y una vez que el fuego ha arrasado con todo volver a hacerlo todo crecer es difícil, porque donde ha pasado fuego tardaran en crecer margaritas que luego deshojar con ilusiones, pero con ganas y esfuerzo nada es imposible.
Siempre tenemos la sensación de ir por el camino equivocado, aunque sea el correcto pensaremos que es el equivocado, pero es mejor equivocarse que acertar, o que narices mejor acertar equivocándose. Y es que cuando todos los días nos parecen iguales es porque hemos dejado de percibir las cosas buenas que aparecen en nuestras vidas cada vez que el sol atraviesa el cielo.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Aire,solo aire,a eso se reduce todo.


Somos aire, solo aire, que de repente se desvanece, somos como esa brisa fresca que ilumina una vida, que satisface, que refresca, que te hace verlo todo de otra manera, desde otra faceta, pero también somos tornados, arrasando a nuestro paso con todo lo encontrado, desolando vidas, vaciando almas, destruyendo ilusiones con la facilidad con la que se deshoja una margarita al son de me quiere, no me quiere. Vamos dando tumbos por la vida, viviendo a rachas, gozando con el viento a favor, sufriendo con el viento en contra, pero porque depende de caprichosas rachas de viento cuando todo se reduce a una cosa, ganas, solo ganas.
Todo en esta vida se reduce a tener ganas, a perseguir lo que anhelamos, a luchar por ello, a alcanzarlo y disfrutarlo. Solo consiste en pensarlo con mucha fuerza, priorizar y perseguirlo con  ansias, porque ante la falta de iniciativa no se puede hacer nada, únicamente reduzcamos nuestra hoja de ruta a planificar nuestro día a día en función de ese objetivo, sin tener prisas para alcanzarlo, si no que cada día demos pequeños pasitos, que cada día poquito a poco como las hormigas nos vayamos acercando a eso que queremos, solo así el éxito es posible.
Dejémonos caer al precipicio cada amanecer como si fuese nuestra última puesta de sol, trasnochemos como si esta noche no fuese a acabar nunca, demos cada beso con las ganas de un último beso, con la pena que te asola, con la piel que se te eriza ante la partida, amemos como si el mundo se fuese a acabar mañana, vaciémonos como si las palabras que nos guardamos no fuesen jamás a ver la luz del día y solo tuviésemos este instante para decir todo aquello que un día guardamos, disfrutemos como si solo tuviésemos este efímero instante.
Porque sus besos, su fragancia, su mirada, sus abrazos, sus vanas palabras me asolan, porque puede que todo esto desaparezca, se desvanezca sin más, como el humo de mi cigarrillo en esa fría mañana de invierno mientras su mirada sostenía mi mirada, y solo queden los recuerdos, para acabar siendo aire, aire puro que invade nuestros pulmones.