martes, 20 de marzo de 2012

Toute la vie sur les yeux....

Juguemos a un juego, juguemos a olvidar o a recordar, juguemos a querer o a odiar, juguemos a derruir la vida y a reconstruirla, juguemos al fin y al cabo a disfrutar, a construir nuestra vida granito a granito. Aprendamos de lo acontecido para allanar el camino, para hacer de esa tierra estéril que es la vida, el campo de rosas más bonito jamás contemplado, arrancar las malas hierbas para poder ver entre la oscuridad, para comprar semillas y plantar no hay mejor compañía que la del amor, la de la compañía deseada, aquella que no da más que tranquilidad, aquella que te ayuda a limpiar ese corazón de tanta mierda que poseía, aquel que desoxida y revive lo que un día murió.
Juguemos a imaginar desbordadamente, sin límites, a imaginar sin cesar, dejemos volar las ideas, dejemos la ilusión correr, dejemos al corazón gritar, dejemos de pensar y empecemos a sentir irremediablemente. El ser humano no tiene mayor esperanza que amar, más allá de un vano latido repetido que nos mantiene vivos, buscamos sentir, más que sentir, deseamos amar y ser amados, encontrar el ser ideal con el compartir el resto del camino, y es que la inercia natural nos abre un camino desbocado hacia el deseo y la pasión, camino al que inevitablemente nos veremos conducidos.
La mente guía mientras que el corazón manda, la mente piensa mientras que el deseo degenera, la mente reflexiona mientras que el amor enloquece, sentimiento enfrentados en una batalla eterna sin cuartel, donde el vencedor decide nuestros actos inconscientemente, donde lo realmente importante deja de tener valor, porque quedo arrasado, se convirtió solo en cenizas, cenizas que algún día de entre la nada resucitarán, para reconducir una vida perdida.

Sin parar a pensar ni reflexionar, así se toman la mayoría de las decisiones de la vida, decisiones tomadas en milésimas de segundo, opiniones forjadas en centésimas, tanta rapidez engaña, hace ver fantasmas donde solo hubo nubes, hacer ver la oscuridad donde todo estaba iluminado de luz, por un sol pleno y radiante que moría cada tarde para ir a buscarte, mientras la luna te perseguía iluminándote con su luz plateada y tenue, iluminada por un cielo estrellado huías sin más remedio que la resignación. La vida tiritaba en cada una de las estrellas, que irremediablemente murieron cuando el amanecer volvía a recuperarte, a iluminar cada una de tus pequeñas facciones, a iluminar tu espalda corriendo hacia el ocaso.
La vida no son más que inevitables amaneceres llenos de luz, seguidos de oscuras noches solitarias, es un proceso continuo que finaliza, porque si todo empezó naciendo al amanecer tristemente morirá al anochecer, porque si la muerte y la soledad hunden, solo la muerte asola.
Son días que pasan inconscientemente, acercándonos un poco más a nuestro deseo, a nuestro fin, quién sabe si quizás nos conduzca a la eterna felicidad o a la más dichosas de las desgracias, ¿depende de nosotros? Quién sabe.

Dueños del destino, dueños de nuestros sueños, gobernados por incontrolables sentimientos.

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