lunes, 25 de junio de 2012

Locura por los cuatro costados


La esperanza habita en cada corazón, en cada ser, en cada brisa marina que nos inunda con su olor, que ondea el pelo al son de su vida, que alimenta ilusiones, que despierta corazones inertes o que quizás un día mustio y apagado perdieron la ilusión a lomos de la desesperanza.
La esperanza no es si no otro de los motores que guía la vida, encarna ese espíritu de lucha constante, esa lucha encarnizada entre el ser y no ser, esa lucha entre el pensar y el actuar, ese límite entre el anhelo y el deseo. Toda acción conlleva tras sí una serie de esperanzas encadenadas esperando ser liberadas al más puro son de la vida misma, todo lo que hacemos conlleva consecuencias íntimamente ligadas, quién sabe si positivas y negativas, pero sin duda cambiarán el sino de las cosas, puede que el rumbo de la vida, e indudablemente cambiará el parecer y la fuerza de esas ilusiones, de esa esperanza que habita en lo más profundo de nuestro ser.
Necesita ser alimentada, tener motivos, vivimos enlazados a miles de ilusiones y deseos que marcan la vida en cierta manera, limitan su universo, su alcance y es que ante todos somos seres sensitivos, vivimos de la experiencia, necesitamos sentir, ver, acariciar, oler, gustar, oír, definir una sensación en todos sus contextos posibles, hacerla lo más exacta posible, para el día necesario poder recobrarla con la misma fuerza y que de solo recordarla se erice nuestra piel, exaltar cada nervio, ese escalofrío que te recorrió esa primera vez. Pero no vivimos solo de la experiencia, también en cierta medida somos racionales, ambas se complementan o se destruyen, cada aspecto cobra la importancia que merece en cada instante preciso. ¿Pero qué es lo que determina la prevalencia de un aspecto sobre el otro? No hay nada que lo determine lógicamente, no hay ley pre-escrita que defina dicha conducta, en esos conflictos solo nuestro instinto decide, una decisión que abarca milésimas de segundo que pueden marcar el éxito o el fracaso, ese límite que marca el punto de no retorno.

La gente olvida lo que dices, olvida lo que haces, pero nunca olvida como la haces sentir.

Por lo tanto exige parte de riesgo, ese deseo a dejarlo todo atrás, a no mirar el ayer  si no el mañana, ese deseo de grandeza, de crecer. Deseo por todas partes, así es la vida, deseos en todas las facetas que marcan nuestras acciones, nuestros hechos irracionales, todo es deseo por todos lados, la vida es una consecución de deseos, un cúmulo de éxitos y fracasos sin límite, de ambos aprendemos para bien o para mal, la experiencia empieza a inclinar la balanza de la batalla del aspecto instintivo frente al racional, buscamos en esa batalla situaciones de un ayer similares, que nos recuerden esa experiencia, que nos haga aprender de los errores, que nos haga buscar similitudes y evitarlas o seguirlas, al fin y al cabo somos racionalmente inconscientes porque todo sucede en segundos, segundos en lo que intervienen miles de factores que determinarán el sino de los sentimientos, de las sensaciones, de los actos y quién sabe si de la vida.
Luchar, caer, levantarse, vivir, seguir; así es nuestra vida. Rendirse jamás debe ser una opción, siempre luchar al pie del cañón, dejándose la piel, arriesgando el corazón, viviendo al límite de la locura, es que si merece la pena todos estos riesgos serán pocos, todo esto no será nada comparado con la sensación de satisfacción que invade al lograr lo anhelado, y es que eso es vivir luchar, querer, desear, anhelar, lograr o fracasar, todo acabará igual para todos, diferentes vidas con un mismo final.
 Porque aunque vengan tempestades y el cielo no pare de tronar anunciando el fin inminente, porque aunque choquemos contra muros de acero, porque aunque los objetivos parezcan de lo más inalcanzable, imposibles, nunca deberemos olvidar que no hay arma más fuerte que la esperanza, que con esperanza todo será posible, que si existe es porque es posible, que nadie te diga lo que has de hacer o lo que no, que nadie lleve las riendas de tu vida, toma el control, arriesga, ama, vive.

Decide, arriesga, vive o muere, grandes experiencias exigen grandes sacrificios, porque puede que esto solo el principio o el final,  ¿tú qué quieres que sea? Porque la imaginación no tiene límites, juguemos a imaginar sin fronteras, libera y juega, pierde quién antes sucumba, o quizás no haya perdedores, quién sabe, eso depende de cada cual.

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