La
esperanza habita en cada corazón, en cada ser, en cada brisa marina que nos
inunda con su olor, que ondea el pelo al son de su vida, que alimenta
ilusiones, que despierta corazones inertes o que quizás un día mustio y apagado
perdieron la ilusión a lomos de la desesperanza.
La
esperanza no es si no otro de los motores que guía la vida, encarna ese
espíritu de lucha constante, esa lucha encarnizada entre el ser y no ser, esa
lucha entre el pensar y el actuar, ese límite entre el anhelo y el deseo. Toda
acción conlleva tras sí una serie de esperanzas encadenadas esperando ser
liberadas al más puro son de la vida misma, todo lo que hacemos conlleva
consecuencias íntimamente ligadas, quién sabe si positivas y negativas, pero
sin duda cambiarán el sino de las cosas, puede que el rumbo de la vida, e
indudablemente cambiará el parecer y la fuerza de esas ilusiones, de esa
esperanza que habita en lo más profundo de nuestro ser.
Necesita
ser alimentada, tener motivos, vivimos enlazados a miles de ilusiones y deseos
que marcan la vida en cierta manera, limitan su universo, su alcance y es que
ante todos somos seres sensitivos, vivimos de la experiencia, necesitamos
sentir, ver, acariciar, oler, gustar, oír, definir una sensación en todos sus
contextos posibles, hacerla lo más exacta posible, para el día necesario poder
recobrarla con la misma fuerza y que de solo recordarla se erice nuestra piel,
exaltar cada nervio, ese escalofrío que te recorrió esa primera vez. Pero no
vivimos solo de la experiencia, también en cierta medida somos racionales,
ambas se complementan o se destruyen, cada aspecto cobra la importancia que merece
en cada instante preciso. ¿Pero qué es lo que determina la prevalencia de un
aspecto sobre el otro? No hay nada que lo determine lógicamente, no hay ley
pre-escrita que defina dicha conducta, en esos conflictos solo nuestro instinto
decide, una decisión que abarca milésimas de segundo que pueden marcar el éxito
o el fracaso, ese límite que marca el punto de no retorno.
La gente olvida lo que dices, olvida lo que haces, pero nunca
olvida como la haces sentir.
Por lo
tanto exige parte de riesgo, ese deseo a dejarlo todo atrás, a no mirar el ayer
si no el mañana, ese deseo de grandeza,
de crecer. Deseo por todas partes, así es la vida, deseos en todas las facetas
que marcan nuestras acciones, nuestros hechos irracionales, todo es deseo por
todos lados, la vida es una consecución de deseos, un cúmulo de éxitos y
fracasos sin límite, de ambos aprendemos para bien o para mal, la experiencia
empieza a inclinar la balanza de la batalla del aspecto instintivo frente al
racional, buscamos en esa batalla situaciones de un ayer similares, que nos
recuerden esa experiencia, que nos haga aprender de los errores, que nos haga
buscar similitudes y evitarlas o seguirlas, al fin y al cabo somos
racionalmente inconscientes porque todo sucede en segundos, segundos en lo que
intervienen miles de factores que determinarán el sino de los sentimientos, de
las sensaciones, de los actos y quién sabe si de la vida.
Luchar,
caer, levantarse, vivir, seguir; así es nuestra vida. Rendirse jamás debe ser
una opción, siempre luchar al pie del cañón, dejándose la piel, arriesgando el
corazón, viviendo al límite de la locura, es que si merece la pena todos estos
riesgos serán pocos, todo esto no será nada comparado con la sensación de satisfacción
que invade al lograr lo anhelado, y es que eso es vivir luchar, querer, desear,
anhelar, lograr o fracasar, todo acabará igual para todos, diferentes vidas con
un mismo final.
Porque aunque vengan tempestades y el cielo no
pare de tronar anunciando el fin inminente, porque aunque choquemos contra muros
de acero, porque aunque los objetivos parezcan de lo más inalcanzable, imposibles,
nunca deberemos olvidar que no hay arma más fuerte que la esperanza, que con
esperanza todo será posible, que si existe es porque es posible, que nadie te
diga lo que has de hacer o lo que no, que nadie lleve las riendas de tu vida,
toma el control, arriesga, ama, vive.
Decide,
arriesga, vive o muere, grandes experiencias exigen grandes sacrificios, porque
puede que esto solo el principio o el final, ¿tú qué quieres que sea? Porque la imaginación
no tiene límites, juguemos a imaginar sin fronteras, libera y juega, pierde
quién antes sucumba, o quizás no haya perdedores, quién sabe, eso depende de
cada cual.
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